Transiberiano

¿A quién no le gusta viajar en tren? Seguramente muchos disfrutamos algún viaje de 5 o 6 horitas mirando el paisaje. Otros se aventuraron a pasar la noche en un tren de 12 horas y algunos hasta pasaron un día entero adentro de un tren.
Pero, que la vida transcurra entre los pasillos de un vagón soviético viendo el paisaje rotar entre llanuras y ciudades industriales por una ventana medio sucia, tomando sopa y escuchando los gritos de “sleduyushchaya stantsiya…” de una mujer de aspecto rígido caminando uniformada, es una experiencia totalmente diferente.

Bienvenidos al Transiberiano.

Pero… ¿qué es?

Y acá surge la duda de muchos. A lo que todos llamamos “Transiberiano” en realidad es uno o distintos trenes que en sus diferentes combinaciones le permiten a uno cruzar de una punta a la otra de Rusia. Por ejemplo, nosotros hicimos el Transiberiano en casi un mes y con 8 trenes diferentes. En otras palabras, Transiberiano hace referencia más a la experiencia o al hecho en sí de atravesar los distintos meridianos del país.

¿Cuánto se tarda en hacer todo el trayecto?

Depende de muchas cosas. Primero, el punto final. Si hacemos la ruta clásica que va desde Moscú hasta Vladivostok sin bajarse del tren, se tarda 7 días. Claro que si uno quiere terminar antes para bajar a Mongolia o a China, será menos. Segundo, las paradas. No es lo más recomendable hacer todo el recorrido de una (o sea con un solo tren) por varios motivos: por un lado, es sumamente agotador estar una semana entera adentro de un tren sin un colchón ni un baño como la gente (además de que nadie se les va a querer acercar luego de 7 días sin bañarse); por otro, se perderán de conocer lugares hermosos en el medio, como lo es Kazán o el lago Baikal; sumado al hecho de que después de una sola dosis tan larga, terminarán odiando el tren.
Entonces, dependiendo de en cuántas ciudades queramos parar a pasar la noche el viaje se alargará o no.

Transiberiano
Ruta clásica del Transiberiano

Transiberiano, la experiencia

Primera etapa: Moscú – Kazán

Precio por persona: 2064,80 rublos = €30

Son las 20 hs en la Estación Kazaniy de Moscú y estamos esperando que anuncien el número de plataforma de la que sale nuestro tren con destino a Kazán (este tren termina ahí). Cenamos algo en la estación pero por las dudas compramos varias hamburguesas simples en KFC para comer en el tren. Ya está anunciado y sale dentro de 30 minutos. Vamos. Mientras avanzamos por la plataforma con el tren a nuestra izquierda vamos viendo los vagones de primera clase… ¡tienen la cena servida en la mesita! Ahora los de segunda. Acá ya les escatimaron un poco más, solo un par de frutas. Y finalmente llegamos a nuestro vagón (casi al final), donde una mujer abrigadísima está controlando boletos y pasaportes. Agarra los nuestros y por la mini expresión de sorpresa dedujimos que no ve pasaportes argentinos muy seguido. Entramos y nos ubicamos en los asientos 43 y 44. La tercera clase es como una gran familia. No hay puertas separándote del resto ni cortinas que te aíslen el pasillo principal; sin embargo, fue donde mejor la pasamos.IMG_0900
La encargada del vagón nos entrega en una bolsita herméticamente cerrada el kit de cama: dos sábanas, un cubre-almohada y una toalla facial. Las colchonetas están enrolladas donde va el equipaje junto con las almohadas. Todos se sirven de ahí. Nos sentamos ambos junto a la mesa individual que tenemos (y que luego se pliega para armar la cama de abajo) mientras el tren avanza alejándose de la estación. Pensamos que esos son los primeros metros que nos acercamos hacia la Siberia. De pronto empezamos a sentir olor a salchicha y mortadela; son nuestros vecinos de al lado que ya pelaron la cena y le están entrando a los embutidos. Nosotros sacamos nuestras seis humildes hamburguesas mientras pensamos que para los próximos trenes deberíamos ser más prácticos (y más saludables) con el tema comidas. Todos se ponen cómodos: pantuflas, pijama, semillas de girasol y tecito en tazas cute. Nos damos cuenta que no estamos tan preparados como pensamos, aunque tuvimos previsto no dormir con jean (tenemos un short debajo). Armamos las camas y a las 22 hs apagan la mitad de las luces, solo quedan prendidas las del pasillo que son más tenues. Nos acostamos y descubrimos que al lado de la ventana tenemos una luz individual y un enchufe. Todavía no lo sabíamos, pero tener dónde cargar el celular es esencial.
A las 23 hs se apagan las luces que quedan y ahora sí, a dormir. Acá surge otra necesidad básica además del enchufe: tapones para los oídos. Tanto la segunda como la tercera clase del tren es básicamente como dormir en un hostal: alguien va a roncar, dalo por hecho. Después de dormir intermitentemente, nos despierta un señor con dos bandejas de telgopor. Cierto, habíamos comprado el pasaje incluyendo el desayuno. Sin armar la mesita nos ponemos a comer el omelette con queso, tomate y pepino sobre la cama de abajo. Pero apurémonos, porque son las 8 hs y en una hora más llegaremos a…

Kazán

Esta es la capital de la República de Tatarstán (tranquilos, sigue siendo Rusia). Son las 9 hs y llegamos a una estación de tren digna de Londres: mucho ladrillo a la vista con el cielo nublado de fondo; esperamos ver el Ford Anglia azul de los Weasley pero no lo vemos (#geekalert). Emprendemos camino al hostal y acá se presenta la tercera necesidad básica del Transiberiano: el alojamiento tiene que estar cerca de la estación. Imagínense llegar de un viaje de 16 horas en tren y tener que caminar 30 minutos o tomarse el transporte público para llegar a un lugar donde solo vamos a pasar una noche (y al día siguiente hacer lo mismo de vuelta); bueno, y eso multiplicado por la cantidad de ciudades donde decidan dormir. Luego de dejar las cosas en nuestras camas, decidimos salir a recorrer. ¡A ver cómo es Rusia más allá de San Petersburgo y Moscú!
Caminamos la peatonal Bauman y nos sorprende la cantidad de tiendas de souvenir que hay junto a los restaurantes de comida tatar; pero como no nos terminaba de convencer fuimos a lo seguro: la cantina rusa o Столовойя (stalobaya). Comimos ambos por menos de €5 en la Столовойя Nº1 en plena peatonal y nos encantó.

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Mezquita Qol Sarif

Pero el plato fuerte de Kazán no es la calle Bauman, sino su Kremlin. Todo el predio es simpáticamente caminable a través de los muros, jardines y palacios gubernamentales. Acá podemos caer en cuenta de la diversidad religiosa de la ciudad: la mitad de la población es ortodoxa mientras que la otra es musulmana. Y en el Kremlin ambas conviven. Mientras la Catedral de la Anunciación nos deslumbra con sus cúpulas azules, de fondo los minaretes de la Mezquita Qol Sarif nos demuestran que en ese rincón también hay belleza por descubrir. Cómo no será lindo, que desde ahí hicimos una nota en TN para la televisión argentina. De noche las vistas de la ciudad a través del río son muy lindas desde ahí.
Al día siguiente salimos a dar una última vuelta por el centro y luego nos dirigimos a la estación para abordar el segundo tren del recorrido.

 

Segunda etapa: Kazán – Ekaterimburgo

Precio por persona: 1308,20 rublos = €19

Subimos al tren de noche y esta vez fuimos precavidos: subimos con dos sopas instantáneas (de esas que vienen con fideos adentro) y una pechuga de pollo cocida cerrada al vacío para cada uno. Algo muy importante a saber es que en todos los vagones hay un dispenser de agua caliente gratis (no fría; solo caliente), por lo que está bueno para hacerse sopas e infusiones durante el viaje. Así que metimos la pechuga de pollo junto con los fideos y ya fue, el agua encima. ¡No pongan esa cara de asco! Los queremos ver intentando comer proteínas en un viaje así (además estaba zafable). Ya listos para dormir, sacamos nuestros pijamas (short y remera vieja), unas pantuflas (esas que te dan en el avión de un vuelo largo) y los amados tapones para los oídos (aprendimos la lección). Antes de dormir vemos un par de capítulos de Friends que nos descargamos en Netflix y ahora sí, a dormir como bebés.

Ekaterimburgo

¡Llegamos a la ciudad entre dos continentes! Así es, acá es donde se considera que se divide Europa de Asia (aunque la línea divisoria está a unos 17 km hacia el oeste de Ekaterimburgo, por lo que en realidad ya esto sería Asia).

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Vista desde Vysotsky

Basta con entrar a las tiendas de recuerdos para ver con qué lucran en cada región. En este caso son los montes Urales, la cadena montañosa que se extiende de norte a sur y que justamente separa ambos continentes. Venden imanes, llaveros, pines, calcomanías y hasta piedras provenientes de las montañas. El circuito turístico de Ekaterimburgo consiste en seguir una línea roja grabada en la vereda que nos irá paseando por los principales puntos de la ciudad: residencia de Putín (donde se queda cuando va ahí), la Iglesia de Todos los Santos (lugar donde asesinaron al zar Nicolás II y a su familia), la Capilla de Ekaterina (zarina a quien le debe el nombre la ciudad), la plaza Istoricheskiy Skver con su canal famoso y, para tener vistas panorámicas de Ekaterimburgo, recomendamos subir hasta el último piso de la torre Vysotsky (cuesta €5).

Tercera etapa: Ekaterimburgo – Omsk

Precio por persona: 1308,20 rublos = €19

¡Este tren tiene enchufe individual! ¡Vamos todavía! Y es más lindo que el anterior. Eso es porque viene desde Moscú (por lo general los que salen de la capital están en mejor estado) y termina en Vladivostok. O sea que este tren hace el recorrido entero pero nosotros solo lo tomamos para hacer solo un tramo. Cada vez nos sentimos más como en casa. De hecho le estamos tomando cariño a dormir en los vagones soviéticos con gente que nos habla dando por hecho que entendemos ruso (y se vuelven locos cuando se ven que uno de esos dos argentinos les puede mantener una conversación en su idioma). Todo lo que se ve por las ventanas es gris. Esa es la imagen que nos llevamos del Transiberiano: cielos nublado que se reflejan en ríos marrones serpenteando en ciudades industriales. Igual, ojo, nos encanta ver la otra cara de un país que en el imaginario colectivo es sinónimo de vodka y matrioshkas (las mal llamadas mamushkas). De todos modos estamos seguros que si hacíamos esto en verano todo se vería diferente.

Cuarta etapa: Asia Central

No fuimos a Omsk por ser un destino que siempre hayamos soñado ir, ni mucho menos. Acá solo pasamos un par de horas hasta que partió nuestro tren rumbo a Kazajistán, donde empezó nuestra travesía por los países de Asia Central. Todo lo referido a esta zona estará disponible en el post correspondiente; mientras tanto, ¡sigamos por Rusia!

Novosibirsk

Después de cuatro días en diferentes trenes volvimos desde Jiva, Uzbekistán hasta Novosibirsk, Rusia. No se imaginan lo muertos que llegamos. Como aún no está disponible el post sobre Asia Central, los invitamos a ver esta odisea en las historias destacadas en Instagram: “Transiberian II“.
Volvimos a la amada Rusia, y más específicamente a la capital de la Siberia: Novosibirsk (Nueva Siberia). Acá ya hay menos cosas turísticas para ver y, de hecho, esta ciudad es omitida por la mayoría de quienes hacen el Transiberiano. Pero a esta altura del viaje estamos bastante cansados y necesitamos dormir una noche en una cama normal. Por lo tanto, en la tercera ciudad más grande de Rusia solo vinimos a descansar.

Quinta etapa: Novosibirsk – Irkutsk

Precio por persona: 3021,65 rublos = €47,80

Un día y 14 horas de viaje. Parece que el tren arranca desde acá (Novosibirsk es un punto neurálgico en la Rusia siberiana) y se dirige hasta cerca de Mongolia. Subimos al vagón y no parece haber nadie en las cuatro camas de al lado nuestro, por lo que cenamos nuestra sopa con pollo con total tranquilidad hasta que, en la siguiente parada, se sube un contingente de niños rubios de unos aproximadamente 10 años. ¡Dios! El nivel de energía que manejan estar criaturas. Pasó la primera noche y todos se despertaron en sus pijamas a tomar el desayuno que los adultos que venían con ellos les servían.IMG_1618

De a ratitos nos miran, sobre todo cuando se percatan de que no hablamos ruso. Y en un momento rompemos el hielo y miramos a uno que no podía más de la curiosidad: “hola, ¿todo bien?” le decimos en español. Se nos queda mirando y el resto se queda atento a la escena entre esos dos extranjeros y su amigo. “¿Cómo te llamás?” le preguntamos, de nuevo en castellano. Pero de repente uno de los otros nos sorprende y dice “ispansky“, que en ruso significa “español” (identificó nuestra lengua). A partir de ahí tomaron tal confianza que terminaron cantándonos canciones y hasta siguiéndonos en las redes sociales. La segunda noche fue más corta porque a las 5 am llegamos a una de nuestras últimas paradas del viaje.

Irkutsk y Lago Baikal

Esta es una de las grandes recompensas del viaje. Para la mayoría, llegar al lago más profundo del mundo es lo más impresionante del Transiberiano. Es por eso que merece tener su propio post (sí, paciencia), y mientras tanto están invitados a ver las historias destacadas: “Transiberian II“.

Sexta etapa: Irkutsk – Ulán Udé

Precio por persona: 1002 rublos = €14,50

Llegó el último tren de Rusia. Última noche en los tan preciados vagones soviéticos (aunque seguiremos durmiendo en trenes en los países que se vienen). Este fue muy cortito porque nos subimos tarde y llegamos a destino bien temprano. No tuvimos mucha interacción con el resto de los pasajeros (extrañamos a nuestros amiguitos del tren anterior). Ya nostálgicos pero a la vez con un cansansio devastador, llegamos a Ulán Udé.

Ulán Udé

Casi nadie hace stop en esta ciudad; sólamente aquellos que tienen pensado dejar el Transiberiano acá para transformarlo en Transmongoliano. ¿Qué hicimos en este lugar? Caminar por la peatonal principal, comer y dormir. Porque, de nuevo, Ulán Udé no recibiría tantos turistas si no fuera por su cercanía a Mongolia.
Luego de una noche en esta congelada ciudad, partimos hacia la estación de buses para dejar definitivamente Rusia atrás y comenzar la experiencia cultural de Asia.

Tips

Son muchas las horas que pasaremos adentro de un tren viendo el tiempo pasar; por eso acá les dejamos una lista con tips para que la odisea sea más amena.

  • Leer un libro. Algunos trenes (no todos)  tienen luz individual al lado de cada cama si queremos leer de noche.
  • Hacer crucigramas. Para los geek como nosotros, no hay mejor contratiempo que un buen autodefinido tomando un té mientras se escucha el traqueteo del tren.
  • Descargar series. O películas.
  • Juegos de mesa. Como cartas o dados; algo fácil de transportar.
  • Escuchar música. Algo tan simple pero tan relajante para ver el paisaje… no cambiar.
  • Buscar información sobre el próximo destino. Si tenemos una tarjeta SIM rusa, seguramente tengamos señal en gran parte del recorrido. En vez de gastar los datos en redes sociales, este es un excelente momento para investigar un poco sobre nuestra siguiente parada.
  • Comer semillas. Créannos, las semillas de girasol o de calabaza salen como pan caliente en los trenes.

Cosas a saber

No es lo mismo viajar en tren en Sudamérica o en el resto de Europa, que en Rusia. Hay ciertos aspectos a tener en cuenta antes de abordarse en esta aventura.

  • Los pasajes se los compra online en la página oficial de la red ferroviaria rusa o en la de Tutu. Nosotros elegíamos en cuál de los dos sitios dependiendo qué trayectos ofrecían y, bueno, en cuál funcionaban nuestras tarjetas de Argentina.
  • El precio varía dependiendo la cama que se elija. Por ejemplo, la cama de arriba suele ser más económica que la de abajo. Nosotros, de todas formas, pagábamos una y una.
  • Las sábanas las proveen ellos y vienen en bolsa cerrada (y hasta con un comprobante de la lavandería).
  • Cuando el tren está detenido en una estación, los baños permanecen cerrados hasta que se vuelva a poner en movimiento.
  • No es necesario imprimir los billetes. Solo basta con mostrar el documento recibido al mail desde el celular.
  • Comprar comida y bebida antes de subir. No suelen pasar por el pasillo vendiendo. A veces tenemos a suerte de que haya almacenes en la plataforma cuando el tren hace una parada.
  • Cuando el tren llega a una estación, por más que no sea la nuestra, podemos bajar mientras no salgamos hacia el exterior.
  • Está completamente prohibido fumar en el interior del tren, incluso en el baño. Lo que muchos hacen es esperar a que llegue a la próxima estación para bajar y prenderse el cigarrillo.

Conclusión

Quizás las ciudades que veremos a lo largo de esta aventura no serán las más impresionantes, exceptuando Moscú y San Petersburgo y quizás los paisajes que veamos no sean los mejores… okay, la Siberia y las postales que ofrece el lago Baikal parecen de otro mundo. La experiencia del Transiberiano no se basa en los atractivos visuales sino en enamorarse de los ritos: prepararse una taza de café mientras los montes Urales nos dan la bienvenida a otro continente, comer en una cantina de la época soviética, leer un libro contra un vidrio que nos separa de un inmenso bosque helado, o taparse con la sábana y admirar la cantidad de estrellas que nos acompañan en una noche limpia. ¿Volveríamos a hacer el Transiberiano? La respuesta estuvo clara desde el principio. Lo volveremos a hacer.

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Cumpliendo 2 años de viaje en Ekaterimburgo

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Virginia Wierna dice:

    Simplemente me encantó!!! Me teletransporte y fue como imaginarme ahí!!!! Gracias

    Le gusta a 1 persona

    1. vagamundosargentinos dice:

      Gracias a vos manita por leerlo!!!

      Me gusta

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