Cuzco y su cultura milenaria

O Cusco. Nos dimos cuenta que en Perú intercambian mucho la “s” por la “z” (por ejemplo, “Milaneza de pollo“), así que en realidad cualquiera de los dos nombres están correctos. (Nota: El nombre de Cusco viene de Q’osqo, que en quechua significa “ombligo del mundo”. Resulta que los españoles no podían pronunciarlo y quedó como lo conocemos hoy).
Antes que nada, hay que aclarar que esta ciudad se encuentra a 3400 msnm. ¿Por qué hacemos énfasis en esto? Porque desafortunadamente para los que vivimos al nivel del mar, existe un fenómeno muy poco agradable conocido como apunamiento o soroche. Sí, así como lo leen, uno de sus protagonistas fue víctima de esta afección. A tanta altura hay menos oxígeno que a los 0 msnm, por lo que el primer día en esta ciudad, el cuerpo se desequilibra. Asquerosamente desequilibrado. Náuseas, vómitos, diarrea, debilidad muscular, fiebre. No se puede hacer NADA. Así que, (consejo) apenas arriben a ciudades muy altas como Cuzco (Puno, Perú y La Paz, Bolivia son otros ejemplos), descansen y no hagan ninguna excursión alocada que requiera desgaste físico.

¿Impresión sobre esta ciudad? Qué difícil… Cuzco es mágico. Basta caminar por sus callejones adoquinados y llegar a la Plaza de Armas para entender lo especial que es este lugar. A diferencia de Lima, que es sumamente moderna, este lugar se quedó en el tiempo mostrando lo que hoy en día es: un híbrido.
¿Híbrido? Claro. Por un lado se puede observar en los muros de las calles cómo se empiezan a elevar piedras apiladas de la época inca, mientras luego encima de éstos se asoman majestuosos balcones coloniales de madera tallada. Y así en todo. Patios internos en todos lados nos hacen sentir como si estuviéramos en los grandes palacios de España, mientras que al salir a la calle nos topamos con paredes incas.

Nos vemos en la obligación de hacer una breve reseña histórica (¡Breve! No cierres la página) dado que lo amerita. Arriba aclaramos que el nombre de esta ciudad significa “ombligo del mundo” en el idioma quechua, que era el hablado por los incas. Este pueblo indígena formó un gran imperio (el Imperio Inca), cuya capital era el actual Cuzco, y de ahí se extendía hacia el norte (actual Colombia), hacia el este (Bolivia) y hasta el sur, a la altura de Santiago de Chile y Mendoza. Sus construcciones se basaban en el apilado de piedras de gran tamaño sin ningún tipo de junta, tal como se observa en las cientos de ruinas que rodean la ciudad, y, ni más ni menos que en el mismísimo Machu Picchu. Con la llegada de los españoles al Perú, estos pueblos aborígenes debieron sucumbir ante ellos (quienes no estaban de acuerdo, eran ejecutados). Los conquistadores, a fin de imponer su cultura, construyeron templos religiosos sobre los palacios incas. Es por esto que hoy en día, al caminar por las calles de esta ciudad, mires donde mires verás una iglesia (de hecho, en la Plaza de Armas hay dos, una al lado de la otra).

En Cuzco nos hospedamos por medio de Airbnb; para el que no conoce: un sitio donde se puede alquilar desde la habitación de una casa de familia hasta un departamento o casa entera. Como los precios en Perú son accesibles, nos dimos el lujo de alquilar un departamento con lo básico, a cuatro cuadras de la Plaza de Armas.
¿Qué hacer en esta ciudad? Bueno, empecemos por el boleto turístico. Es un ticket que tiene una validez de 10 días desde la fecha de compra (en la Municipalidad) y cuesta 130 soles. Con este boleto podemos visitar 14 atracciones, incluyendo museos (Museo Histórico Regional, Museo de Qoricancha, entre otros), monumentos (Monumento de Pachacutec) y parques arqueológicos (Ollantaytambo, Pisac, Tambomachai, Saqsayhuaman, Q’enqo, Pikillakta, Puka Pukara, Chinchero, Moray y Tipon). Sin duda alguna, lo más atractivo de todo es lo último. Son ruinas incas que se han conservado hasta el día de hoy, todas rodeando la ciudad. La más alejada es Ollantaytambo, a 70 km de Cuzco, pero la más impresionante de las nombradas. Se puede ir en combi por 6 soles. Otra opción (para cuando se les venza el boleto turístico, como a nosotros nos pasó), es contratar tours que te llevan a otros atractivos turísticos como son: 1 el Lago Titicaca, en la ciudad de Puno, Perú, el cual marca la frontera de este país con Bolivia. Es el lago navegable más alto del mundo, a unos 3800 msnm. Te ofrecen un paseo por lancha hasta las islas de los Uros (islotes artificiales hechos con junco, donde viven comunidades aymaras) y hasta la isla Taquile, donde se almuerza. Si uno desea puede tomarse un bus bordeando el lago y cruzar la frontera de Bolivia hasta la ciudad de Copacabana, a orillas del lago (y si estamos con tiempo, seguimos 150 km más hasta La Paz). 2- la Rainbow Mountain (o montaña de los 7 colores), a 5000 msnm. Nosotros no llegamos a hacerla, pero por lo que cuentan consiste en una caminata de 2 horas cuesta arriba hasta el mirador de la preciosa montaña, y luego 1:30 horas para bajar (se puede pagar para hacerlo en caballo). 3- las Salineras de Maras, en el pueblo con el mismo nombre, a 50 km de Cusco. Son terrazas de sal en la montaña (muy parecido a las piletas donde tiñen el cuero en Fez, Marruecos). Nosotros fuimos por nuestra cuenta y la entrada nos salió 10 soles por persona. 4- y por supuesto, Machu Picchu (que lo desarrollamos en otra publicación).
Otro lugar interesante para visitar es el Mercado de San Pedro, donde se puede encontrar de todo. Frutas de la selva, vegetales, carne, quesos, productos secos, artesanías, puestos para comer… ¡hasta yerba mate encontramos! Vale la pena ir a pasear ahí.
También se puede visitar la piedra de los 12 ángulos, situada en uno de los muros incas en plena vía pública (por lo que no hay que pagar para verla ni para sacarse foto con ella). Es famosa por ser una inmensa piedra con, justamente, doce ángulos, perfectamente encastrada con sus vecinas.
Además de los museos y lugares de interés cultural incluidos en el boleto turístico, hay muchísimos más que se pagan aparte, como el Museo Inka, el Museo de Arte Precolombino, el Museo de Santa Catalina, entre otros.
Y, claro, nuestro lugar preferido de la ciudad, fue la Plaza de Armas. Rodeada de construcciones coloniales, calles adoquinadas, cerros de fondo, flores, faroles… Religiosamente todas las tardes nos sentábamos en uno de sus bancos (con mate en mano, por supuesto) a ver como el sol se iba apagando mientras que las luces de la ciudad y de las casas en la montaña comenzaban a contrastar. Nunca nos cansaremos de caminar esa plaza desnivelada mientras nos ofrecen infinidad de souvenirs para que compremos. Por unanimidad (de 2 votos, ja!) concordamos que es (hasta ahora) la más linda que vimos.

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